Recuperar el futuro
«Vivimos tiempos inciertos que no dejan espacio al futuro. Quienes estudian la evolución del clima nos advierten de que caminamos por terreno desconocido, pero también nos dicen que estamos a tiempo de parar las peores consecuencias de la crisis climática. Quienes piensan qué hacer con la tecnología nos advierten de los peligros cada vez más cercanos y reales, pero también nos recuerdan que puede ser gobernada y gestionada con los criterios que decidamos. Quienes llevan décadas estudiando los movimientos de personas a lo largo de la Historia nos advierten de que los procesos se están acelerando, pero también nos llenan de ejemplos donde se muestra que dichos movimientos suelen llevar aparejados incrementos de desarrollo e innovación. Todo esto depende de las decisiones que tomemos y las que dejemos de tomar.
Sin embargo, en buena parte de las sociedades democráticas, en especial en lo que conocemos como Occidente -aunque no sólo-, los malestares acumulados durante más de una década están cristalizando en descontentos que llevan a cuestionar principios de convivencia democráticos. Cuando se mira la magnitud de los desafíos, crece la desconfianza tanto en las instituciones como en los agentes de intermediación, e incluso en la propia sociedad. La sensación generalizada de que el progreso se ha detenido aniquila la idea de futuro. La crisis de confianza que atraviesan las democracias nos deja solos y desamparados en un paradigma de hiperindividualismo donde las nociones de sociedad y comunidad son cada vez más difíciles de encontrar. La fraternidad, la gran olvidada de la tríada revolucionaria, permanece ausente mientras sentimos que los desafíos nos superan y cambian a toda velocidad. En este contexto, ¿qué hacer?
Es clave recuperar la confianza en nosotros mismos como comunidades, en las instituciones que nos representan y en quienes median para ello. Si las instancias que conocemos no nos sirven, si no es posible recuperar la confianza perdida en ellas, habrá que inventar otras. Este debería ser el principal objetivo del Gobierno Abierto: la recuperación de la confianza para abordar los retos de futuro de forma que vivamos mejor, en sociedades más equitativas, libres y democráticas. ¿Vamos a ello?.«
Cristina Monge
Cristina Monge ha construido su pensamiento político escuchando con atención los momentos en que la democracia se resquebraja. Doctorada por la Universidad de Zaragoza con una tesis sobre el 15‑M, su trayectoria académica y pública nace de una pregunta persistente: qué ocurre cuando las instituciones dejan de parecer habitables para la ciudadanía, y cómo pueden volver a serlo.
Profesora de sociología y politología, analista habitual en medios y presidenta de la asociación Más Democracia, Tina ha explorado durante años las relaciones entre poder, sociedad y futuro. Desde la óptica del gobierno abierto, concibe la transparencia, la rendición de cuentas y la participación no como técnicas administrativas, sino como una forma distinta de gobernar y de reconocerse mutuamente: instituciones que explican, que comparten responsabilidad y que aceptan la deliberación como parte indispensable de la decisión pública.
Esa preocupación por el malestar democrático y por la pérdida de horizontes comunes atraviesa su obra ensayística y cristaliza en Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables, galardonado con el Premio de Ensayo Paidós, donde propone una alianza entre instituciones, ciudadanía y conocimiento para transformar la desafección en proyecto colectivo. En su escritura —como en su voz pública— el gobierno abierto aparece así no solo como una agenda de reformas, sino como una ética democrática orientada a reconstruir la confianza y a devolver al futuro su condición de espacio compartido.