Del Derecho Penal a la ética corporativa
«Hoy debemos pensar más allá, en que el futuro del gobierno abierto no es solo transparencia: es innovación, colaboración y confianza. Gobierno abierto significa más que publicar información: significa crear espacios donde la ciudadanía puede hacer valer su experiencia, donde la integridad guíe cada decisión y donde la innovación esté al servicio una mejora constante de las instituciones.
Los desafíos del mañana son claros: integrar la IA para obtener más y mejores datos y el blockchain para la transparencia que transforma la gobernanza. Cada reto que enfrentamos es una oportunidad para construir instituciones más sólidas, transparentes, inclusivas y resilientes.
En definitiva, en palabras de Luigi Bobbio, decidir juntos cambia cómo entendemos lo común.«
Silvina Bacigalupo
Silvina ha hecho del Derecho Penal Económico su territorio natural, pero su mirada trasciende los códigos para adentrarse en la ética pública y la transparencia. Desde la Universidad Autónoma de Madrid, donde ejerce como catedrática, ha impulsado una reflexión profunda sobre cómo las instituciones y las empresas pueden blindarse frente a la corrupción y abrazar la integridad como principio rector.
Su trabajo con Transparency International España, de la que es actualmente su máxima responsable, y la co-dirección del programa “Integridad corporativa, Transparencia y Buen Gobierno” la sitúan en la primera línea del debate sobre gobierno abierto. Silvina entiende que la apertura no es solo publicar datos, sino construir confianza: un ecosistema donde la rendición de cuentas y la participación ciudadana se convierten en antídotos contra la opacidad.
En sus conferencias y escritos, insiste en que la lucha contra la corrupción no se gana únicamente con sanciones, sino con cultura institucional y mecanismos preventivos. Para ella, el buen gobierno es una arquitectura que se sostiene sobre tres pilares: ética, transparencia y responsabilidad. Y en ese diseño, la academia y la sociedad civil deben dialogar para que las normas no sean letra muerta, sino herramientas vivas que garanticen derechos y fortalezcan la democracia.