De lo local al Estado: transparencia, integridad y buen gobierno
«¿Por qué no? ¿Por qué no compartir información, facilitar el acceso y hacer de la transparencia la regla, en lugar de la excepción? Si la información es poder, como tantas veces hemos escuchado, ponerla al alcance de todos significa, precisamente, democratizar ese poder. No debería ser necesario recordar que la publicidad activa y el derecho de acceso a la información pública no son meras obligaciones legales: son la expresión de una convicción democrática, la de que la ciudadanía tiene derecho a saber cómo se toman las decisiones que afectan a su vida y cómo se gestionan los recursos que son de todos. Pero lo es.
Y es que sin información no hay participación real. Sólo una ciudadanía informada puede formar su propio criterio, intervenir de manera consciente en los asuntos públicos y contribuir a construir mejores políticas. Un matiz: una ciudadanía correctamente informada. En la era de la desinformación y las fake news, la transparencia, información veraz y confiable, permitirá pasar de una participación formal a una participación efectiva, en la que las personas no sean únicamente destinatarias de las decisiones públicas, sino también protagonistas de una democracia viva, abierta y compartida.
Y tampoco puede haber un verdadero escrutinio ciudadano ni una rendición de cuentas efectiva sin información accesible, comprensible y útil. Por eso la publicidad activa es una apuesta segura: no espera a que alguien pregunte, no obliga al ciudadano a convertirse en detective de su propia administración, llega a millones de personas. Publicar antes de que se pida desplaza el poder de lugar, del despacho a la plaza, del expediente cerrado al dato abierto.
La transparencia no es una carga burocrática. La transparencia no debilita a las instituciones: las fortalece, genera confianza y las impulsa a mejorar. Apostar por ella es apostar por una democracia más sólida, responsable y cercana. Si la información es poder, hagamos que ese poder no sea privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos. Porque el poder, en democracia, pertenece a la ciudadanía. Entonces, la pregunta final sigue siendo la del principio: ¿por qué no?«.
Concepción Campos Acuña
La trayectoria de Concepción Campos representa como pocas la conexión entre la reflexión académica y la práctica cotidiana de la administración pública. Doctora en Derecho, secretaria de Administración Local de categoría superior, consultora, docente y especialista en gobernanza pública, ha dedicado más de dos décadas a impulsar mecanismos de transparencia, integridad y buen gobierno desde el ámbito local.
Buena parte de su reputación profesional se construyó en la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), donde desempeñó un papel destacado en la revisión del Código de Buen Gobierno Local y en la elaboración de la Ordenanza Tipo de Transparencia, Información Pública y Reutilización. Más allá de la gestión, Concepción desarrolló una intensa actividad docente y divulgadora. Ha participado en programas universitarios, cátedras especializadas y espacios de formación dirigidos a empleados públicos, convirtiéndose en una de las voces más reconocibles del municipalismo innovador español. Impulsora firme de la igualdad de oportunidades, ha sido presidenta y una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres en el Sector Público.
Su nombramiento como presidenta del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno ha supuesto la culminación de una trayectoria construida desde la experiencia práctica. En ella confluyen la jurista, la directiva pública y la reformadora institucional convencida de que la transparencia debe ser comprensible, útil y generadora de confianza social.